Sunday, 11 February 2007

Fernando Cabrera

"Fernando Cabrera" es un músico uruguayo nacido en diciembre de 1956 en el barrio Paso Molino de Montevideo. Cabrera es un artista múltiple: toca la guitarra, canta, compone, arregla, escribe poemas, enseña y produce música. Ha participado en gran cantidad de espectáculos y grabaciones como solista, integrante de grupos, arreglador y autor.

Historia
Estudió música desde su infancia, comenzando con la guitarra a los seis años con la profesora Porrati de Marín. Luego pasó por el Conservatorio Universitario en la carrera de Composición y Orquestación con Federico García Vigil, Graciela Paraskevaidis y Coriún Aharonián.
Hace su debut en la escena uruguaya en 1977, integrando el trío Montresvideo con el que graba un disco que lleva el nombre del grupo (Ayuí, 1980). En 1982 se une al grupo Baldío y edita un nuevo disco con nombre del grupo (Sondor, 1983).
El comienzo de su carrera solista queda registrada en "El viento en la cara" (Ayuí, 1984). A partir de allí se suceden, entre materiales originales y antologías, cinco discos de vinilo para distintos sellos y seis compactos para Ayuí.
En el mismo lapso, entre un sinfín de proyectos, asiste al Festival de la Juventud (Moscú, 1985), hace los arreglos del primer disco de Gustavo Nocetti (1986), trabaja con Eduardo Mateo (1987), se radica un año en La Paz, Bolivia, arreglando grabaciones de músicos locales (1988), edita el libro "56 canciones y un diálogo" (entrevista de Alicia Migdal, Trilce, 1992), y es premiado en festivales internacionales por sus músicas para el video "Tahití" (1989) y para el largometraje "El dirigible" (1994). Es permanente su trabajo arreglando y produciendo grabaciones para otros músicos.
"Cabrereando"
(Fernando Cabrera por otros)

Vino a tirarme una soga
la luz de una canción de Mateo
y el pozo se hizo calle
veloz y vertiginosa.
Vino a salvarme de sitio
un verso vivo de Zitarrosa
y el humo se hizo aroma
sabor de Montevideo.


Muchas veces,yendo por las calles,el poeta está igual en una carcel,en una casa de la mente donde parece malograrse el sentimiento básico de la vida.
Pero la paradoja del arte consiste en afirmar lo que niega,y de ese modo la particular belleza de la figura tensa de Cabrera cantando quieto,bajo un foco de luz trasmite vida y deseo de vida aunque sufra el dominio de la verdad,todos los goces que ya no están.
Porque comienza la pena y (él) con ganas de no morir.

Este puñado de canciones intenta"homenajear"a uno de los más grandes compositores uruguayos,esta vez en la voz de otros artistas que admiran su obra y hacen de la poesía de Cabrera otras versiones.....!!

Querido Amigo Diego:un poco que me había olvidado de subir este maravilloso material que me dejaste en mis manos para publicarlo en"Las cintas recuperadas"es ademas un honor poder tener este Cd recopilado y producido por vos,con tan buen gusto al momento de elegir la canción.
Bueno no tengo nada para decir,hay que bajarlo y escucharlo-gozando de algún buen "Tintillo".
Un Abrazo querido amigo..!!

Saturday, 10 February 2007

Saturday, 3 February 2007

"AUSENCIA DEL CHONCHO"(Macunaíma)

Extraña foto del 79, Lazaroff, Macu y Darnauchans. Señora que va a cruzar mira al fotógrafo (desconocido).

Atilio Duncan Pérez da Cunha(Macunaíma)

A Jorge Lazaroff

"uno se va muriendo con cada amigo que se muere. Uno no se muere de golpe".
Aníbal Troilo.

la melancolía ya definida
como una gorda triste
se estira en notas azules y saxofonea
como un domingo de lluvia
y me enfrenta con la mirada del choncho
ya muertito y con los ojos abiertos
"con qué derecho te entristecés
boludo
si yo me estoy bancando
toda esta muerte encima"-
¿acaso puede la poesía
maquillar la muerte de un hombre de 39 años
que deja mujer y un hijo?-
giran viejos discos
y el choncho me enfrenta con la máscara
que la muerte le puso para la ceremonia
y me está diciendo que ya no somos inmortales
que el segundo tiempo no sale a jugarlo
pero que no es walk over
ni abandono
sino muerte simple muerte
perra que hunde el hocico húmedo
en la cabeza de ceniza
en los huesos pobrecitos
de los que el choncho se levanta corajudo
para raspar la máscara mortuoria
a punta de ojos vivos
y asomarse a la vida:
"dame un abrazo hermano"
que es una manera de decirme
"no te quedes parado en media cancha
como un flojo
o apretado en los brazos jamones de la gorda triste"
eso decía el choncho o lo imagino
antes de que se enfriara su mirada.

Dino"Milonga ya sin pelo largo"


(fuente:P12,radar)
Por Martín Pérez
“Allá miraba el paisaje, acá soy parte de él”. Así es como Gastón Ciarlo, más conocido como Dino, intenta resumir las razones que lo llevaron a regresar al Uruguay luego de haberse exiliado en Suiza a fines de los 80 y comienzos de los 90. Y la frase funciona mucho más de lo que él mismo imagina, ya que Ciarlo nunca imaginó, al decidir su regreso, que volvería realmente a ser parte del paisaje de la música popular uruguaya como actualmente lo es. Porque su historia no es la de quien regresa a reclamar sus laureles, sino apenas la del exiliado que decide volver a su tierra, porque allá siente que no tiene nada que hacer.
“Cuando me fui pensé que se me arreglaban todos los problemas, pero parece que me los llevé en el bolsillo”, explica al teléfono desde Uruguay este cantautor legendario, rocker de milongas a las que su amigo Washington Benavides llama “degeneradas”, un raro de los tantos que regala la historia artística uruguaya, llena de personajes inimitables, pero que saben marcarle un camino a las generaciones posteriores. Y Dino es uno de ellos. Un cantante con una historia que se remonta a los comienzos del beat en el Río de la Plata, y que siempre le huyó a su propia leyenda.
De hecho, a mediados de los 80 y después de muchas huidas a medias en su historia, Ciarlo asegura que decidió colgar la guitarra definitivamente, mucho antes de haber decidido dejar Uruguay. “Y allá en gringolandia no la agarré ni una sola vez”, confirma. Por eso es que su regreso fue doble, ya que recién al volver se atrevió, como quien no quiere la cosa, a reincidir en la música. “Me explotó bajo la barba el hecho de que canciones a las que ni yo les daba mucha bolilla hayan quedado, y hoy la gente las canta muchas veces sin saber bien de quién son”, cuenta Dino, que recién ahora, a los 57 años, empieza a ser al mismo tiempo Dino y Gastón Ciarlo.
“Siempre tuve un gran conflicto con eso, siempre fui Dino por un lado y Gastón Ciarlo por el otro”, explica este montevideano de nacimiento, compinche de Rubén Rada allá por los comienzos de todo, admirador de y descubierto por el gran Alfredo Zitarrosa, y respetado por Jaime Roos y Jorge Drexler, por nombrar a dos representantes de diferentes generaciones que crecieron escuchando su particular blues montevideano. Una mezcla de folk a lo Dylan con milonga a lo Zitarrosa, sencilla pero al mismo tiempo poderosamente personal. Todo un estilo que despliega en el flamante Autobiografía, un disco en el que recrea lo mejor de su repertorio acompañado por una banda de lujo, en la que brillan jóvenes músicos que también saben tocar en la banda de Roos, como los mellizos Martín y Nicolás Ibarburu, baterista y guitarrista respectivamente.
“Afirmo con mis credenciales de viejo escuchador que la mejor música popular urbana de los últimos quince años tiene como protagonista, directa o indirecta, al tímido, creativo y memorioso Dino”, escribió hacia mediados de los 70 Rubén Castillo, el gran promotor de la música uruguaya de aquella década y la anterior. Pero advertía: “Lástima que no siempre, o casi nunca, le hayan dado posibilidades técnicas para que pueda expresarse y dar todo lo que puede entregar al prójimo”.
A más de quince años de aquella frase, tal vez por primera vez Gastón Ciarlo/Dino tenga a su disposición esas posibilidades en Autobiografía. Un disco que viene a presentar por primera vez a la Argentina. Con toda una historia detrás.
QUÉ DIRÁ EL SANTO VIGLIETTI
“Estábamos tocando una versión bien rockera de ‘Qué dirá el santo padre’, el tema de Violeta Parra que solía hacer Daniel Viglietti, cuando lo vi entre el público. Y yo me dije: ‘Cuando terminemos, éste nos mata’. Pero fue todo lo contrario.” La anécdota, fundamental para la historia musical de Dino, sucedió hacia comienzos de los 70, cuando Ciarlo comenzaba a hacer leyenda con su banda Montevideo Blues. Antes había formado parte de un grupo seminal del beat uruguayo llamado Los Gatos, contemporáneo de Los Malditos, el primer grupo de Eduardo Mateo, inmediato antecesor de El Kinto. “Con Mateo éramos como ramas de un mismo árbol”, cuenta. “Uno hacia una cosa y el otro algo totalmente diferente, pero formábamos parte de lo mismo y lo sabíamos. Las ideas se trasvasaban, y así como Mateo me decía que yo hacía cosas mejor que él, yo siempre supe que lo mío llegaba hasta cierto punto. Él era un genio de la armonía, por ejemplo. Y yo en eso soy mucho más tradicional.”
Pero fue con Montevideo Blues que Dino comenzó a encontrar un camino propio. “Hicimos cosas que hasta ahora no se han repetido. Hicimos malambo con ritmo de 6x8, hicimos milonga con rocanrol, hicimos cielitos con guitarra eléctrica”, enumera Dino, que explica que después de aquel encuentro con Viglietti se le fueron todos los temores. “El flaco no sólo no nos retó, sino que nos dijo que si hubiese sabido que existíamos, el último disco que había grabado lo hubiera grabado con nosotros. Y además me dijo algo que me marcó para toda la vida: ‘Nunca le des mucha bola a los puristas porque ser tan purista llega a acercarte al fascismo’. Así que a partir de ahí se nos quitaron todos los miedos.”
Criado en Tristán Narvaja e Isla de Flores, bien en el barrio Sur de la capital uruguaya, desde sus actuales 57 años Gastón Ciarlo recuerda haber aprendido a tocar la guitarra a los cinco. Y haber dado el salto a la eléctrica diez años después. “Por entonces todo era como una especie de locura, salían grupos como hongos después de la lluvia”, recuerda Dino, que se confiesa fan de los Rolling Stones antes que los Beatles, y explica que ese fanatismo lo fue llevando hacia grupos como los Animals primero, y luego hacia el blues y también el country y a Woody Guthrie. “Así es como empieza todo. Te gusta algo, y primero lo copiás. Hasta que se te ocurre que vos también podés hacer una canción. La primera seguro que es espantosa, pero después vas mejorando y encontrando tu camino. Mis referentes por entonces eran Ray Charles, los Stones, los bluseros y, por supuesto, la locura del candombe, a la que habíamos llegado a través de la música brasileña. El tropicalismo nos hizo darnos cuenta que nosotros también teníamos trabajo que hacer con lo nuestro. Ahí empezó el camino, en realidad”, cuenta Ciarlo, que por supuesto también tiene entre sus referentes a Zitarrosa. Quien, a su vez, también supo descubrirlo a él, tal como lo demuestra una curiosa crónica de “el joven rockero Dino”, recuperada en un libro recién editado en Uruguay que compila artículos que el propio Zitarrosa escribió para el legendario semanario Marcha allá por los años 60.
DÍAS Y DÍAS
La leyenda de Dino arranca en realidad con su debut como solista a comienzos de los 70 y luego con aquel primer premio en el Festival de la Canción Beat y de Protesta de 1971, que dejó a José “El Sabalero” Carvajal en segundo lugar. “En realidad lo tendría que haber ganado él”, dice hoy Dino, que luego de eso grabaría un único disco con Montevideo Blues. Después se sumó a un grupo comercial llamado Los Moon lights, con los que vivió su mejor momento como músico profesional. De esa época data el tema que por sí solo alcanzaría para ingresarlo en la historia grande del rock de su país, un himno llamado “Milonga del pelo largo”, que grabó tanto con Montevideo Blues como con los Moonlights, y que luego han versionado todos, desde Zitarrosa hasta Adriana Varela, en un disco producido por Jaime Roos. “Es un tema con el que muchas veces estuve peleado”, confiesa. “Porque fuese donde fuese tenía que cantarla, y yo siempre pensé que había llegado a hacer canciones mucho mejores que ésa. Pero es una canción que la gente siempre reclamó como propia, y que habla de cosas que le pasan a todo el mundo. Hay gente que llora cuando la canto, y eso es algo que me impresiona mucho.”
Incorporando el canto en castellano con su ingreso a los comerciales Moonlights, Ciarlo decide dejar la seguridad económica del grupo para probar con una banda llamada “03”, junto a Chichito Cabral y Yamandú Pérez. Pero enseguida regresará al redil para un segundo álbum con los Moonlights. Ya por entonces Dino había decidido desaparecer un par de veces, algo que también sucedería más adelante. Pero la segunda mitad de los 70, entre silencios, dejaron dos de los discos más memorables de su carrera: el acústico Vientos del sur (1976) y el más rockero Hoy canto (1979). “En esos discos está en 80 por ciento de lo que soy”, confiesa Dino, que toca muchos de aquellos temas en su actual repertorio, entre los que figuran “Vientos del sur”, “Quizá hacia el norte”, “Cuna de mi muerte”, “Tablas” (que Jaime Roos grabó en su disco Contraseña) y la impresionante “Autobiografía No. 2”. Son estos temas únicos e inmortales los que le hicieron exclamar en su momento a Luis Eduardo Aute, especialmente refiriéndose a los de “Vientos del sur”: “Oye, estas canciones tienen un sabor distinto a todo”.
Histórico del beat rioplatense, integrante de la primera generación rockera uruguaya, Dino también estuvo con sus canciones durante el fenómeno del Canto Popular, pero fue la desvalorización de aquel fenómeno lo que lo terminó alejando de la música. “Tenía bronca, porque te invitaban a tocar acá y allá por los ideales o qué se yo, pero no te pagaban. La verdad que parecía que te tomaban el pelo”, dice. Y entonces se calló. Y se fue. Y ahora resulta que volvió.
DE MEMORIA
“Yo siempre voy a ser un rockero”, dice Dino. “Alfredo Zitarrosa decía que todo es milonga. Yo digo que todo es rocanrol”, explica entre risas un artista que recién ahora parece disfrutar realmente de su arte. “Es que yo nunca tuve una gran autoestima, y viví siempre peleado conmigo mismo. Me faltaba madurar, asentarme”, explica Dino, que al regresar de Suiza, en vez de intentar tocar, lo que hizo fue irse a vivir —justo él, un montevideano de toda la vida— a Dolores, un pueblo rural del departamento de Soriano. “Cuando llegué, pedí trabajo, y me dijeron que en Montevideo no había, pero sí en Dolores”, cuenta como si fuese lo más simple del mundo terminar siendo el jefe de personal de un molino. Allí, en Dolores, lentamente Ciarlo fue volviendo a ser Dino. Armó una banda inicial —La Dolores— con la que grabó un disco producido por Fernando Cabrera. Y luego llegó la posibilidad de grabar para Barca un disco con sonido renovado, que honra tanto aquellas viejas canciones como sus confesos gustos musicales —Tom Petty, Roy Orbison o Crosby, Stills & Nash—, pero que también recuerda mucho al sonido que alcanzó el grupo Níquel al versionar aquellas canciones perdidas en el álbum De Memoria (1990), suerte de eslabón perdido entre el rock de los 70 y el de los 80 y 90.
“Para mí, Dino ha sido y es un pilar fundamental, una de las ‘patas’ de la mesa de la música uruguaya; incluso me atrevería a decir que, aunque muchos todavía no lo sepan, también de la música rioplatense”, opina Jorge Nasser, líder de Níquel, hoy solista que en su último disco homenajeó tanto a Dino como a Jaime Roos. “Cuando Nasser me hizo llegar aquel disco a Ginebra, donde vivía entonces, casi me muero. Yo pensé que estaban locos, realmente”, recuerda Dino, que interpreta en Autobiografía casi todos los temas suyos versionados en aquel De Memoria, primer gran homenaje al cantante que había decidido colgar la guitarra. Pero ahora, a más de una década de aquel disco, es él mismo el que regresa a sus temas de siempre. Y cantándolos mejor que nunca, como supo hacer Roy Orbison en su madurez. “Volví a agarrar la guitarra porque empezaron a pedir mi presencia”, explica Dino, que asegura éste es el mejor momento de su carrera. “Yo creo en eso de que las mejores canciones aún no se escribieron”, explica. Y agrega: “Yo no creo que uno deba competir con la mejor versión de sí mismo, porque mejor versión que uno ya no va a haber. Creo que lo que hay que hacer es seguir siendo lo que uno es y nunca ha dejado de ser, sin traicionar a la gente ni los ideales que uno tiene”. ¿Y cuáles son los ideales de su música? “Yo creo que la parte humana de la historia. Lo que muchos no dicen. No hacer nunca una canción por hacerla, sino simplemente intentar decir las cosas como son. Yo me acuerdo que Alfredo Zitarrosa siempre me decía: ‘Vos no tengas miedo de decir yo, porque vos sos uno más. Y ésa es la base de todo lo que hacemos: nosotros somos uno más, somos gente que trabaja y hace música, y eso te pone siempre los pies en la tierra.”